Unos sólidos fundamentos macroeconómicos, junto con una inflación que se ha moderado respecto a sus máximos recientes, están respaldando la ampliación del diferencial de crecimiento entre los mercados emergentes y los mercados desarrollados. Esto, combinado con unos saldos externos saludables, unas dinámicas fiscales estables y la relajación de las condiciones financieras globales, hace que los activos de renta fija de los mercados emergentes resulten atractivos para los inversores globales.