Integrar los costes físicos del cambio climático ayuda a los inversores a definir los principales riesgos, y también las oportunidades.
La inversión climática generalmente pone de relieve el grado de éxito en la transición de los distintos sectores económicos hacia una economía hipocarbónica, como, por ejemplo, la respuesta en forma de normativas respetuosas con el clima, adopción de tecnologías más verdes y atención a las cambiantes necesidades de los consumidores. Sin embargo, los riesgos y las oportunidades de esa transición solo son una de las muchas perspectivas con las que se puede evaluar el impacto del cambio climático en el entorno de inversión. Los riesgos físicos y las oportunidades son otra.
Conocer las amenazas físicas permite evaluar mejor el riesgo
Según una encuesta de CDP Worldwide , el número de empresas que reconocen el impacto financiero directo del cambio climático aumentó un 24% en 2023. Sin embargo, las empresas siguen prestando más atención a los riesgos de transición que a los riesgos físicos. Por ejemplo, entre 2009 y 2020, las referencias a los riesgos de transición en los informes 10-K pasaron de una media de cuatro a diez, mientras que las referencias a los riesgos físicos solo aumentaron de dos a cuatro, según señala un análisis de Brookings Institute. Creemos que esa escasez de información sobre los riesgos físicos es una señal de que las empresas apenas han empezado a valorar en qué medida afectan a sus resultados.
Sin embargo, las amenazas son muy reales. Los riesgos físicos pueden ser crónicos —como, por ejemplo, el aumento de las temperaturas y del nivel del mar en todo el mundo— o agudos, como ocurre con las olas de calor extremo o los huracanes. Cualquiera de estos fenómenos puede suponer un enorme coste financiero para las empresas y un grave perjuicio para el crecimiento económico.
El coste financiero de los riesgos físicos se manifiesta de distintas formas, aunque lo más frecuente son los daños o la pérdida total de los bienes locales. También están los costes provocados por la paralización o el retraso de la producción, los cierres de fábricas, las interrupciones en las cadenas de suministro y las responsabilidades legales por la falta de adaptación de los activos y las comunidades para que sean más resilientes.
Las catástrofes también pueden provocar perjuicios para los hogares de la zona donde se producen, desde la pérdida de empleo hasta los desplazamientos, con los consiguientes efectos en cuanto a disponibilidad de mano de obra y demanda de productos y servicios por parte de los clientes. A medida que se acumulan esos eventos extremos locales, sus consecuencias macroeconómicas pueden ahogar la productividad global, el comercio y los ingresos públicos, además de repercutir en la inflación y los tipos de interés.
Los riesgos físicos no desaparecerán y surgirán nuevas formas de hacerles frente
Como fenómeno disruptivo global, el cambio climático es una de las megafuerzas que tiene la capacidad de cambiar permanentemente la forma de vivir, de trabajar y de consumir en todo el mundo, y esto tendrá consecuencias directas para los países, los activos y las empresas a muchos niveles.
Por ejemplo, cabe prever que los núcleos de población cambien en los territorios nacionales y en todos los continentes a medida que desaparezcan los cultivos o haga demasiado calor como para trabajar en el exterior. Las regiones que dependen de la agricultura podrían ser las más vulnerables, no solo a la escasez de alimentos, sino también a la esclavitud moderna.
Las regiones de los mercados emergentes (ME) están especialmente expuestas a los riesgos físicos, muchas veces como consecuencia de inundaciones o sequías. Afortunadamente, en esas regiones, tanto los gobiernos como el sector privado están poniendo en marcha más mecanismos para hacer frente a los riesgos. Entre ellos figuran planes de adaptación, sistemas de alerta de peligros múltiples y evaluaciones de riesgos que, a nuestro juicio, ayudan a contrarrestar parte de la elevada exposición de los ME al riesgo físico (Gráfico). Por tanto, incluso los países con muchas posibilidades de sufrir riesgos físicos pueden tomar medidas eficaces para gestionarlos y mejorar su calidad crediticia.