Varias fuerzas podrían comenzar a cambiar la dinámica del crecimiento este año. Mientras que el crecimiento de los mercados desarrollados (MD) se está ralentizando, es probable que el crecimiento económico se mantenga sólido en los ME, favorecido en parte por el impulso de la reapertura de China. Desde el XX Congreso del Partido Comunista de octubre, el gobierno ha reabierto rápidamente la economía y ha confirmado su intención de priorizar el crecimiento. Es probable que la confianza de los consumidores se recupere a medida que se vayan moderando las restricciones asociadas a la Covid. Por otra parte, cabe esperar que unos niveles de ahorro sin precedentes impulsen el gasto de los consumidores.
En su conjunto, estos factores podrían reactivar el crecimiento del PIB chino y dar impulso tanto a los beneficios como al comportamiento del mercado de renta variable, a nuestro juicio.
También observamos señales de un descenso de la inflación en diversos países de ME, entre los que se incluyen la India y Brasil. Dado que la inflación se está ralentizado y que la Reserva Federal estadounidense se aproxima al fin de su ciclo restrictivo, es posible que algunos bancos centrales de ME recuperen la confianza necesaria como para pausar o incluso revertir sus propios ciclos restrictivos, que lastraron el crecimiento económico en los dos últimos años.
Algunas economías de ME se beneficiarán de los ajustes en la configuración de la cadena de suministro. Muchas empresas están diversificando sus cadenas de suministro fuera de China. Esto está impulsando las manufacturas hacia países que incluyen desde México a la India y desde Indonesia a Vietnam. Por ejemplo, Indonesia se ha beneficiado de un creciente interés de los fabricantes de automóviles y repuestos para automóviles de todo el mundo, que se han sentido atraídos por los abundantes recursos naturales y por la capacidad del país para suministrar insumos fundamentales para los vehículos eléctricos, como el níquel y el cobre. Vietnam y México se benefician de su proximidad a China y a EE. UU., respectivamente, y de las redes existentes de la cadena de suministro.
La clave está en los márgenes: posible convergencia del diferencial de rentabilidad
El deslucido crecimiento de los beneficios ha pesado sobre las empresas de países emergentes en la última década. La brecha de rentabilidad entre EE. UU. y los ME ha sido especialmente amplia desde que comenzó la Covid, en un contexto de dominio de las empresas de megacapitalización de EE. UU. y subidas de precios, que excedieron los costes.
Si bien las empresas estadounidenses mantienen un buen historial de innovación y capacidad para reinventarse, es probable que los obstáculos para una rentabilidad excepcional sean mayores que en el pasado. El deterioro del crecimiento económico de EE. UU., la presión reguladora sobre las grandes tecnológicas y los elevados costes de la mano de obra podrían reducir los márgenes en el país —y ayudar a que las empresas de ME cierren la brecha de rentabilidad—.
La moneda afecta a los países y a las empresas
Los mercados emergentes suelen ser vulnerables a las fluctuaciones de divisas. La solidez del dólar estadounidense ha creado muchos problemas en los últimos años. Provocó que los precios denominados en USD fuesen menos competitivos y afectó al entorno de financiación de los países de ME y a las empresas que manejan balances externos.
Parece que el dólar estadounidense tocó techo en septiembre, tras varios años de apreciación. Si la tendencia se mantiene, las acciones de ME se podrían beneficiar de un impulso propiciado por la divisa. Esto se debe a que históricamente ha existido una fuerte correlación entre los flujos de las carteras extranjeras hacia los ME y el dólar estadounidense. Si la mejora del crecimiento fuera de EE. UU. ayuda a moderar la trayectoria del dólar, podríamos esperar un repunte de los flujos de las carteras asignados a acciones de ME.