Aunque las esperanzas de reflación son altas, las presiones desinflacionistas se mantienen fuertes.
Tras los recortes de 200 puntos básicos en los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE) desde junio de 2024 hasta junio de 2025, el mercado percibe un punto de inflexión y parece preparado para tipos más altos en el futuro. Creemos que podría haber otro recorte en camino.
Varios factores han provocado que los mercados esperen tipos más altos. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, declaró recientemente sentirse “cómoda” con la tasa de inflación actual y la tasa de facilidades de depósito (ambas de 2 %). Lagarde afirmó que el BCE está “en una buena posición” y bien preparado para afrontar futuras crisis. Un cambio en la política fiscal, pasando de la consolidación a la expansión, especialmente en Alemania, ha generado expectativas de que un mayor gasto en infraestructura y defensa pueda finalmente ayudar a sacar la economía de la zona euro del estancamiento. Además, los precios actuales del mercado implican que el tipo de interés oficial del BCE superará el 2 % dentro de tres años a medida que la economía se fortalezca.
Nosotros prevemos un escenario más complicado. A pesar de la relajación de la política fiscal en Alemania, no vemos pruebas sólidas que respalden un tipo de interés neutral más alto en la eurozona. Más bien, somos cautelosos con las fuerzas que podrían hacer que la inflación se sitúe por debajo del objetivo, lo que daría lugar al menos a un último recorte de tipos.
Aunque la función de reacción actual del BCE establece un listón muy alto para otro recorte, creemos que cada vez hay más riesgos a medio plazo de que la inflación se sitúe por debajo del objetivo del 2 %. Por ahora, el BCE está pasando por alto pequeñas desviaciones temporales del objetivo, pero si estas se vuelven más grandes y más duraderas, el Consejo de Gobierno tendrá que responder de acuerdo con su estrategia de política monetaria.
Una confianza vacilante contradice una recuperación económica a corto plazo
Prevemos una mejora de las perspectivas a largo plazo para la economía de la zona euro: se ha evitado el peor escenario posible en materia de aranceles estadounidenses y se avecinan estímulos fiscales. Sin embargo, los riesgos a corto plazo siguen existiendo. Por un lado, aún no se han notado todos los efectos de los nuevos aranceles. Además, los indicadores de confianza débiles (ver figura a continuación) y los problemas nacionales en algunos países (especialmente el estancamiento político de Francia) probablemente continuarán limitando el consumo privado y la inversión.