Además de los semiconductores y los chips de memoria, los fabricantes asiáticos emergentes también ofrecen "puertas traseras", exposiciones a IA menos conocidas, como la gestión de energía y gestión térmica, y componentes para centros de datos. En nuestro análisis, estas oportunidades de inversión no solo son menos visibles, sino que también se benefician de mayores barreras de entrada y ciclos de inversión más largos.
La reconfiguración de las cadenas de suministro hace que la selección de valores resulte vital
Prevemos que los países emergentes reconfigurarán sus cadenas de suministro para mitigar el impacto de la crisis del petróleo y sus efectos colaterales.
Así pues, desde una óptica de selección de valores, es fundamental identificar los ganadores y perdedores dentro de una misma cadena de valor. Creemos que los grandes ganadores tendrán estándares tecnológicos más altos, ofrecerán una mayor fiabilidad y estarán alineados geopolíticamente.
Por ejemplo, las interrupciones en el suministro de gas natural han aumentado la demanda mundial de buques de GNL, pero la competencia es limitada, ya que los costes de entrada en este mercado son elevados, las normas son técnicamente exigentes y China y Corea dominan el mercado. Dado que la energía se ha convertido en una importante preocupación para la seguridad nacional, algunos compradores occidentales podrían mostrarse reacios a comprar a China, lo que convierte a los astilleros coreanos en los ganadores por defecto.
A nuestro juicio, la desglobalización derivada de los conflictos no tiene por qué reducir el universo de oportunidades para los inversores en mercados emergentes. Sin embargo, sí que exigirá una mayor selectividad y una investigación intensiva ascendente (bottom-up) para identificar a las empresas que se encuentran en las partes adecuadas de la cadena de suministro de valor.
China sigue siendo fundamental para las perspectivas
La economía china sigue siendo crucial para la región de Asia-Pacífico y para muchos países emergentes de todo el mundo y, aunque el mercado inmobiliario y el consumo interno de China siguen siendo débiles, se observan señales esperanzadoras para sus socios comerciales de mercados emergentes.
Los responsables de la formulación de políticas chinos han reiterado su compromiso de mantener el crecimiento del PIB real entre el 4,5 % y el 5 %. También esperamos que ayuden a mitigar algunos de los impulsos desinflacionistas de la economía.
Vemos varios aspectos estructurales positivos para los mercados de valores de China: las medidas anti-involución del gobierno para reducir el exceso de capacidad; la mejora del gobierno corporativo (evidenciada por un mayor reparto de dividendos y recompras de acciones); una mejor disciplina de capital que resulta en una emisión neta de acciones negativa; y la sólida posición de China en tecnologías y materias primas críticas, especialmente aquellas vinculadas a la electrificación.
Ya estamos viendo oportunidades más atractivas en compañías de seguros y en entidades financieras, porque el giro de las políticas a favor del accionista ha dado lugar a balances más sólidos en estos sectores
Manténgase alerta ante los riesgos y los repuntes
En lugar de tratar a los mercados emergentes como una única operación macroeconómica, creemos que los inversores deberían considerar la posibilidad de asignar sus carteras de forma selectiva a regiones y países, y de equilibrar tácticamente su cartera entre acciones y deuda emergente. También pueden utilizar múltiples técnicas de selección de valores para centrarse en empresas con beneficios resilientes, poder de fijación de precios y relevancia estratégica.
Históricamente, los periodos de mayor volatilidad han creado oportunidades. Nuestra investigación indica que, tras periodos de alta volatilidad en los que las valoraciones se desvinculan de los fundamentales, los mercados emergentes se han recuperado con más fuerza que sus homólogos de países desarrollados. Preferimos ir construyendo posiciones en aquellos países y compañías de mercados emergentes mejor posicionados, de cara a una normalización de la volatilidad y del sentimiento del mercado.