Las estrategias multiactivos de gestión activa deberían verse favorecidas por un crecimiento más lento, la flexibilización monetaria y el liderazgo tecnológico en el mercado de renta variable.
En un turbulento 2025 dominado por los choques de la política comercial estadounidense y las tensiones geopolíticas, la economía global demostró resiliencia. Los temores a una desaceleración relacionada con los aranceles y a un repunte de la inflación han demostrado ser infundados, ya que el crecimiento ha sorprendido al alza y la inflación ha continuado debilitándose. La mejora del contexto afianzó un año sólido para los mercados financieros. La renta variable, las materias primas, el crédito y la duración generaron rentabilidades saludables, y la diversificación volvió a generar beneficios significativos tras varios años difíciles.
A medida que avanzaba el año, la atención de los inversores pasó de las tensiones comerciales a cuestiones más fundamentales sobre la durabilidad del crecimiento, el elevado nivel de las valoraciones y las fuerzas que estaban definiendo la siguiente fase del ciclo económico. Estas cuestiones son un aspecto central de nuestras perspectivas. Las valoraciones de la renta variable estadounidense son elevadas, los diferenciales de crédito siguen siendo ajustados y el gasto de capital récord en infraestructura de inteligencia artificial (IA) está aumentando. Los mercados se preguntan cada vez más si estas inversiones pueden producir amplias ganancias de productividad y crecimiento de los beneficios, y si la concentración puede dar lugar a una expansión más duradera y diversificada.
Creemos que las perspectivas son favorables para 2026. Aún nos encontramos en una fase temprana del ciclo de inversión y monetización de la IA, y nuevas señales sugieren que los fundamentales del mercado no solo respaldan a un puñado de líderes tecnológicos. Mientras tanto, es probable que la Reserva Federal estadounidense flexibilice la política más de lo que los mercados esperan actualmente, dado que su prioridad es la debilidad del mercado laboral; este contexto de política debería respaldar los activos de riesgo. Dicho esto, las valoraciones elevadas, la concentración del mercado y la incertidumbre en torno al ritmo de la monetización de la IA apuntan a una evolución futura más volátil, donde la diversificación y la asignación estratégica de activos recuperan su importancia.
¿Qué grado de resiliencia exhibe el ciclo económico?
Puesto que los temores a una fuerte recesión no se están materializando, la pregunta clave para 2026 es si la economía puede seguir siendo resiliente a medida que madura el ciclo. La economía estadounidense sigue siendo el principal motor del crecimiento global, pero están surgiendo divergencias. El impulso del mercado laboral se está debilitando: la contratación se está enfriando y hay menos ofertas de empleo, a pesar de la fortaleza en otras partes de la economía. Por ejemplo, el gasto de capital de las empresas es sólido, las revisiones de beneficios están cerca de máximos históricos y el crecimiento de los beneficios se ha extendido más allá de la tecnología. La desconexión entre el empleo y los fundamentales corporativos requiere vigilancia, pero por ahora vemos pocas señales de tensión económica.
Creemos que el consumo seguirá siendo una fuente clave de estabilidad. Los balances de los hogares no están tensionados significativamente, el crecimiento real de los salarios se mantiene positivo y, aunque se ha reducido, el ahorro acumulado no se ha agotado. La inflación está ligeramente por encima del objetivo, pero esperamos que la Fed ponga el foco en el riesgo para el empleo dado el reciente debilitamiento (Gráfico). Es probable que el banco central flexibilice la política en 2026, y la política fiscal debería ser un amortiguador adicional a corto plazo, ya que el efecto inmediato de las recientes medidas de gasto respaldarían la actividad hasta bien entrado el año.