Si la inflación es pertinaz, el poder de fijación de precios puede marcar la diferencia
Tras tocar techo en 2022, la inflación inició un descenso gradual a lo largo de 2023 que fue perdiendo fuelle a principios de 2024. Debido a los repuntes a corto plazo que registran los precios, es probable que la Reserva Federal retrase su ciclo de bajadas de tipos, de manera que a lo largo del año se mantendría el contexto de «tipos de interés más altos durante más tiempo».
Aunque los datos que evidenciaban la rigidez de la inflación en los primeros meses del año han sido una fuente de incertidumbre para los mercados, creemos que los inversores deberían centrarse en la trayectoria de la inflación a largo plazo, que es bajista. Prevemos que la evolución desigual continúe, y esto debería favorecer a los activos de riesgo, incluidas las acciones. No obstante, creemos prudente decantarse por empresas rentables con una fuerte capacidad de fijación de precios, capaces de trasladar las presiones inflacionistas a los clientes. Consideramos que esta característica es otro indicador de calidad que podría reforzar a algunas empresas si la inflación sigue siendo pertinaz.
Aterrizaje suave: bueno para las acciones y los bonos
En lo que va de año, los mercados estadounidenses de renta fija no han tenido más remedio que rendirse a una realidad de tipos más altos durante más tiempo. Los yields de los bonos del Tesoro han dado marcha atrás en su evolución de diciembre y siguen esa senda a medida que los inversores van aplazando sus expectativas de bajadas de tipos.
Sin embargo, creemos que la economía estadounidense todavía puede lograr un aterrizaje suave, y esto debería favorecer a los mercados de renta variable. Las perspectivas para los bonos también son prometedoras. Los yields son atractivos, y en el momento en que la Fed comience a relajar su política monetaria y bajen los tipos, los bonos con mayor duración (sensibilidad a los tipos de interés) deberían comportarse bien. También podrían proteger frente a posibles crisis geopolíticas si se produce una escalada de las tensiones regionales.
Por otra parte, incorporar crédito de mayor rentabilidad a las carteras puede ofrecer un carry atractivo e ingresos añadidos junto con la renta variable en un entorno de crecimiento moderado. Aunque los diferenciales de crédito con respecto a los bonos corporativos estadounidenses parecen situarse en el extremo inferior de los rangos históricos, seguimos viendo unos yields totales interesantes. Además, los emisores cuentan cada vez más con el respaldo de unos fundamentales sólidos: la calidad subyacente ha mejorado gradualmente desde la pandemia de la COVID-19 gracias a un aumento de los beneficios empresariales, balances sólidos y el ciclo de impagos provocados por la pandemia, que se ha llevado por delante algunas de las partes más débiles del mercado.
Elecciones de EE. UU.: mucho nerviosismo, aunque es probable que influyan poco en el mercado
Aunque los inversores podrían sentirse más aliviados ante el panorama económico, en muchos casos les preocupan las posibles repercusiones de las próximas elecciones estadounidenses. Es lógico querer prepararse para los efectos que tendría en los mercados un ciclo electoral potencialmente conflictivo, pero nuestro análisis señala que, históricamente, la realidad electoral ha sido menos dramática.
Por lo general, las rentabilidades de la renta variable en años electorales han sido acordes a las medias históricas (Gráfico, izquierda), aunque la volatilidad a corto plazo suele aumentar (Gráfico, derecha), lo que refuerza la necesidad de adoptar un enfoque activo para tratar de obtener fuentes de diversificación.